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MUJERES PARA EL DIÁLOGO
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 LA MUJER EN EL XIX

Madrid, 24 de mayo.- Mujeres para el Diálogo y la Educación (MDE) organizó el Taller de Historia de las Mujeres en el siglo XIX en España e Iberoamérica el pasado 25 de abril que fue impartido por Dª Mar Cristóbal, guía oficial de Turismo y experta en historia de las mujeres. El taller fue subvencionado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. 

El rol de la mujer en el siglo XIX sigue siendo el de madre y esposa. Poco a poco se va avanzando en las demandas sociales hasta que por fin, en 1870 se crea la Asociación para la Enseñanza de la Mujer que permitirá dar el gran salto.

Pero, ¿qué sucedía en España?

Isabel II pintada por Xavier Winterhalter (Palacio Real).

Para contextualizar la situación de las mujeres, repasemos la política española. Como consecuencia de la “Ley Sálica” importada por Felipe V, España se ve envuelta en las guerras Carlistas a lo largo de gran parte del siglo XIX. Surgen por la disputa del trono entre isabelinos (partidarios de Isabel II, hija de Fernando VII) y carlistas (seguidores de su hermano, Carlos María Isidro de Borbón). Durante la enfermedad del monarca los carlistas consiguieron que el rey firmara la derogación de la Pragmática Sanción, que anulaba la ley sálica. Los partidarios de Isabel II (1833-1868) eran los liberales, mientras que los carlistas encarnaron la oposición más reaccionaria al liberalismo, defendiendo la monarquía tradicional absolutista, el catolicismo conservador y el foralismo. Ambas filosofías representaron durante años el choque de ideologías políticas de la época.

Isabel II, la reina castiza, subió al trono a los trece años. Se casó con Francisco de Asís de Borbón y parece ser que el día de su boda (1846) cuando le vio dijo: “¡Por Dios Paco, si llevas más puntillas que yo!”. Tuvo que abandonar España como consecuencia de la Revolución Gloriosa (1868) y se exilió en Francia. Abdicó en París en favor de su hijo, el futuro Alfonso XII, en 1870.

Tanto su madre, la reina consorte María Cristina Borbón Dos Sicilias (regente entre 1833-1840), que se casó a escondidas con su guardia de corps, el duque de Riánsares, como su primogénita Isabel, hermana de Alfonso XII y conocida como “La Chata”, fueron mujeres con carácter y determinación.

Comienza el Sexenio Revolucionario o Democrático (1868-1874), que vive sucesivos cambios políticos en un corto espacio de tiempo: un reinado (Amadeo de Saboya); una Primera República (1873-74) y la dictadura de Serrano (1874).

El “turnismo” es el sistema de alternancia bipartidista entre los Conservadores de Cánovas del Castillo y los liberales de Sagasta. Fue uno de los elementos fundamentales para la Restauración borbónica en España (1874-1931) y para que el feminismo no acabara de arrancar. Al estar decidido el resultado, el voto femenino no servía para nada y, por lo tanto, no había ilusión por conseguirlo.

La Restauración borbónica se caracterizó por una cierta estabilidad institucional, la construcción de un modelo liberal del Estado hasta su progresiva decadencia con la dictadura de Primo de Rivera en 1923.

1870: comienzan las demandas jurídicas y sociales de las mujeres

En el siglo XIX las leyes eran discriminatorias con las mujeres. Las principales demandas eran:

1.   Derecho a la educación

2.   Mejora en las condiciones laborales

3.   El Derecho al voto

4.   Derechos civiles

Fotografía tomada en 1908 en Inglaterra.

Las principales diferencias jurídicas están tanto en las leyes (código civil, código penal, código de comercio) como en los usos y costumbres (control social tácito de la mujer y domesticidad).

  • Derecho a la educación:

Las leyes también reflejan logros de la época. De todas ellas, la ley reguladora de la enseñanza, conocida como Ley Moyano (1857), impulsada por el ministro Claudio Moyano, es uno de los logros más importantes. Esta ley obligaba a que la enseñanza primaria fuese obligatoria de los 6 a los 9 años, y en caso de no poder pagarla, sería gratuita. En la sociedad de 1850, el 80% de las mujeres eran analfabetas, la mitad de los niños estaban sin escolarizar, los profesores carecían de preparación y las pocas escuelas existentes no eran dignas o no estaban acondicionadas. Sin duda era un gran reto cambiar este escenario.

En 1870 nace la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, un proyecto educativo español creado por el pedagogo e intelectual Fernando de Castro y Pajares con la misión de ofrecer a las españolas de clase media la oportunidad de acceder a una enseñanza académica y científica.

Esta Asociación ayudó a promover el acceso de la mujer a la educación y a facilitar su entrada en el mundo laboral desde una óptica profesional. Supuso que por primera vez se pusiera de relieve la capacidad intelectual de las mujeres para poder adentrarse, de igual manera que los hombres, en conocimientos científicos, sustituyendo lentamente la teoría de inferioridad de la mujer por la de la diferenciación y complementariedad de los sexos.

Las iniciativas llevadas a cabo por las distintas escuelas contribuyeron a despertar el propio interés de las mujeres en su educación y a que fueran conscientes de la importancia y consecuencias de ésta en sus vidas. Influyó en gran medida en las reformas posteriores de la enseñanza oficial, además de convertirse en un modelo para la creación de otras instituciones que surgirían más tarde, como la Institución la de Libre de Enseñanza.

Durante el Sexenio revolucionario, Giner de los Ríos crea la Institución de Libre Enseñanza (1876), ILE, basado en la filosofía krausista: si mejoras la educación del individuo, mejoras la sociedad. El krausismo es una doctrina que defiende la tolerancia académica y la libertad de cátedra frente al dogmatismo. La ILE quiere enseñar haciendo que el niño piense, así se pretende evitar el dominio de la Iglesia, que por medio de un concordato después de la desamortización (1857), se había quedado con el monopolio de la enseñanza.

La Escuela Krausista y la Institución Libre de Enseñanza fueron las dos instituciones que promovieron el debate a favor de la conquista de los derechos de la mujer a la instrucción y a la enseñanza.

“(…) Sin embargo el krausismo no planteaba una educación que respondiera a criterios igualitarios: el acceso de las mujeres a la educación debía hacerse de tal manera que no transgrediera el orden establecido, sino que las convirtiera en el soporte fundamental de la familia haciendo de ellas las perfectas esposas, amas de casa, educadoras de su descendencia y administradoras de la fortuna familiar" señalan las historiadoras Mary Nash y Ana Isabel Álvarez González.

La Asociación para la Enseñanza de la Mujer y la Institución de Libre Enseñanza se convierten en grandes herramientas para las demandas de las mujeres del XIX, que poco a poco se centran en mejorar la educación, en conseguir mayor libertad social, igualdad jurídica y en solicitar el derecho al voto femenino.

Las pioneras de finales de siglo comenzaron a ir a la Universidad aprovechando el vacío legal que existía. No estaba prohibido, al principio, porque simplemente nadie había contemplado la posibilidad de que una mujer quisiera estudiar.

Este proceso de acercamiento de la mujer a la educación culmina con el Real Decreto del 8 de marzo de 1910 que autorizó por igual la matrícula de alumnos y alumnas a la Enseñanza Superior en igualdad de condiciones. Este decreto se formuló poco después de que Emilia Pardo Bazán fuera nombrada consejera de Instrucción Pública.

Pioneras en igualdad

A la vanguardia de la lucha feminista del siglo XIX estuvieron:

Gertrudis Gómez de Avellaneda, por Federico Madrazo. 1857.

Gertrudis Gómez de Avellaneda (Cuba 1814-Madrid 1873). Fue una escritora y poetisa española del Romanticismo. Se instaló en España a los 22 años, donde comenzó a publicar bajo el pseudónimo de La Peregrina y se dio a conocer con la novela “Sab”, considerada la primera novela antiesclavista (anterior incluso a “la cabaña del tío Tom).

En 1842 defiende el divorcio en “Dos mujeres” mientras que en 1860 escribe “La mujer” donde plantea la igualdad intelectual. El tratamiento que da a sus personajes femeninos la convirtieron en una de las precursoras el feminismo moderno.

A pesar de ser una de las más grandes poetas de lengua castellana, optó a ser académica pero encontró el rechazo de Marcelino Menéndez y Pelayo, quien impidió su incorporación a la Academia.

Concepción Arenal (1820-1893)

La primera feminista fue Concepción Arenal, (Ferrol 1820- Vigo 1893). Licenciada en Derecho, periodista y escritora española encuadrada en el Realismo literario y pionera en el feminismo español.

A los 21 años, para poder ingresar como oyente en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid tuvo que disfrazarse de hombre. Al descubrirse su verdadera identidad, el rector le hizo un examen que aprobó lo que le permitió asistir a clase. Fue funcionaria de prisiones, y como inspectora de cárceles denunció la situación penitenciaria.  Escribió en La Tribuna inicialmente sustituyendo a su marido. Una vez enviudada y al ver que no le dejan firmar sus artículos de opinión acaba refugiándose a Potes.

Su obra es extensa y la primera sobre los derechos de la mujer es “La mujer del porvenir” (1869) en la que criticó las teorías que defendían la inferioridad de las mujeres basada en razones biológicas. Su posición era defender el acceso de las mujeres a todos los niveles educativos. Tampoco era partidaria inicialmente de su participación política:

“Es un error grave y de los más perjudiciales, inculcar a la mujer que su misión única es la de esposa y madre [...]. Lo primero que necesita la mujer es afirmar su personalidad, independientemente de su estado, y persuadirse de que, soltera, casada o viuda, tiene derechos que cumplir, derechos que reclamar, dignidad que no depende de nadie, un trabajo que realizar e idea de que es cosa seria, grave, la vida y que si se la toma como un juego, ella será indefectiblemente un juguete”. Concepción Arenal. "La educación de la Mujer" 

Entre sus grandes aportaciones encontramos frases como “La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano”; “Abrid escuelas y se cerrarán cárceles”; “Odia el delito y compadece al delincuente”. Opta a ser académica pero no la dejan.

Emilia Pardo Bazán.

Emilia Pardo Bazán (La Coruña 1851-Madrid 1921) condesa de Pardo Bazán, fue una noble y aristócrata, novelista, periodista, feminista, ensayista, crítica literaria, poetisa, dramaturga, traductora, editora, catedrática y conferenciante española introductora del naturalismo en España.

Educada en una familia acomodada, es una gran luchadora por la educación. Se casó con 16 años y se separó. Entra en el Ateneo de Madrid y se enamora de Benito Pérez Galdós (autor de “La desheredada”) y, aunque no se casaron, fueron pareja veinte años. Fue precursora en sus ideas acerca de los derechos de las mujeres y el feminismo, y reivindicó la instrucción de las mujeres como algo fundamental.

Ambos escriben en la revista “La Epoca”. El ensayo “La cuestión palpitante” donde denuncia la situación de la mujer, y la novela “La Tribuna” en la que cuenta la historia de las cigarreras y habla de la separación, fueron el origen de su fama de escritora rebelde y provocadora.

En su libro “Un viaje de novios” critica los matrimonios de conveniencia. En los “Pazos de Ulloa”, su obra más conocida, aborda la situación de las mujeres (matrimonio, poca educación que reciben, etc).

Una de sus frases más conocidas y polémicas es: “La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión.

Presidió la sección de Literatura del Ateneo. Fue profesora de la Complutense, antigua Universidad Central de Madrid. Fue nombrada Consejera de Instrucción Pública en 1910.

Optó tres veces a la Real Academia Española y no la dejaron entrar, pero no se plantó cuando José Zorrilla aseguró que las mujeres que escriben son "un error de la naturaleza". Ni cuando Juan Valera, otro académico que aireaba con gusto su misoginia, denegó su ingreso porque "su trasero no cabría en un sillón de la RAE". En 1889, la primera vez que le cerraron las puertas, Pardo Bazán ya contaba con méritos suficientes como para imponerse ante cualquiera de los ilustres miembros. Y ella lo sabía.

Rosario Acuña (Madrid 1850-Gijón 1923) fue escritora, pensadora y periodista. Considerada ya en su época como una de las más avanzadas vanguardistas en el proceso español de igualdad social. Denunció la diferencia entre hombres y mujeres, así como la sociedad que no sólo lo permitía sino que lo alimentaba.

Escribió con 25 años “Rienzo el tribuno” que es un alegato contra la tiranía. En la última década del XIX, publica “El padre Juan”, su drama más valiente y desde luego el más famoso por atrevido y escandaloso.

En la imagen, Carmen de Burgos.

Carmen de Burgos (Almería, 1867-Madrid, 1932) fue una periodista, escritora, traductora y activista de los derechos de la mujer española. Perteneció a la generación del 98, y es considerada como la primera periodista profesional en España y la primera corresponsal de guerra  (desastre de Annual). Escribe en 1927 “La mujer moderna y sus derechos” donde reivindica el derecho de las mujeres al voto, entre otros.


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